El derecho a la educación empieza al nacimiento. No obstante, los nuevos datos recopilados por la UNESCO muestran que 1 de cada 4 niños de 5 años no ha recibido nunca ningún tipo de educación preescolar. Esto representa 35 millones de los 137 millones de niños de 5 años en todo el mundo. A pesar de las investigaciones que demuestran los beneficios de la atención y educación de la primera infancia (AEPI), solo la mitad de los países garantizan la educación preescolar gratuita.
Definir a la educación como un derecho social implica identificar a los sujetos de todo el trayecto educativo con sus especificidades etarias, históricas y geográficas, y reconocer al Estado como su principal garante. No hay que perder de vista la historicidad de la niñez y los procesos de conquistas de derechos: necesitamos abandonar el viejo paradigma que entendía a las infancias bajo un mandato tutelar, para asumir el enfoque de protección integral de derechos.
La UNESCO afirma que el periodo que va desde el nacimiento hasta los ocho años se caracteriza por el desarrollo significativo del cerebro de los niños y constituye una ventana de oportunidades esencial para la educación. Cuando los niños están sanos, seguros y aprenden bien durante sus primeros años, están más capacitados para alcanzar su pleno potencial de desarrollo como adultos y participar eficazmente en la vida económica, social y cívica. La AEPI se considera un medio para promover la equidad y la justicia social, el crecimiento económico inclusivo y el avance del desarrollo sostenible.
Un conjunto de investigaciones y pruebas fehacientes apoyan esta afirmación e impulsan el aprendizaje temprano en el centro de los debates mundiales y las prioridades gubernamentales. El primer argumento proviene de la neurociencia, que ha demostrado que el entorno afecta a la naturaleza de la arquitectura del cerebro: las primeras experiencias del niño pueden proporcionarle una base sólida o frágil para el aprendizaje, el desarrollo y sus comportamientos posteriores. El segundo es el de la economía, que ha documentado el mayor rendimiento económico de la inversión en programas previos a la escuela que en programas para adolescentes y adultos. El tercero proviene de las ciencias de la educación, que han demostrado que la participación en los programas de atención y educación de la primera infancia aumenta la preparación de los niños para la escuela y reduce la diferencia entre los niños socialmente favorecidos y los desfavorecidos desde el primer día de escuela.
Desde el punto de vista de los derechos humanos, la ampliación de un aprendizaje de la primera infancia de calidad es un medio importante para hacer realidad el derecho a la educación dentro de una perspectiva de aprendizaje a lo largo de toda la vida. La AEPI garantiza una preparación para la educación básica y uno de los más eficaces equiparadores en cuanto a oportunidades de aprendizaje a lo largo de la vida. En 2021, sólo el 22 por ciento de los Estados Miembros de las Naciones Unidas han impuesto la obligatoriedad de la enseñanza preescolar, y sólo el 45 por ciento ofrecen al menos un año de enseñanza preescolar gratuita. Solo 46 países han adoptado la educación preescolar gratuita y obligatoria en sus marcos legales.
La educación en el nivel inicial, en sus dos etapas de maternal y de infantes, es el primer espacio educativo en el que se inscribe la relación de las infancias con el conocimiento, con los saberes, con las capacidades. Nuestra responsabilidad es asegurar que cada niño y cada niña, independientemente de su contexto y condición social, tenga la oportunidad real de participar, decidir y producir, iniciando el camino como sujeto con potencialidades para leer críticamente la realidad. Para esto, es fundamental aplicar cabalmente la ley 26.061 de Protección de los Derechos de la infancia y exigir al Congreso que cumpla con la designación del Defensor de los Niños, Niñas y Adolescentes.
El nivel inicial supera la función asistencialista y compensatoria que se le atribuyó en otros momentos. Investigaciones científicas dan cuenta del valor de la educación temprana: es la etapa en la que se construyen las matrices de aprendizaje y se constituye un grupo social amplio diferente a la familia. Es hora de otorgarle a este nivel un lugar de prioridad, y de reconocer la especificidad de sus enseñanzas y aprendizajes.
La educación inicial ocupa hoy un lugar claramente definido y es el comienzo de todo el trayecto educativo. Es una etapa central, que inicia el camino para más y mejores oportunidades educativas. Y es la huella, en definitiva, que será determinante en la construcción de las capacidades cognitivas, creativas, comunicativas y emocionales, y en el logro de proyectos personales y colectivos.
