Durante la llamada Década Infame, el tratado Roca Runciman firmado con Gran Bretaña, dejó al descubierto un entramado de corrupción en el comercio de las carnes. Lisandro de la Torre fue la voz cantante de las denuncias, que involucraban a altos funcionarios de gobierno. Nunca imaginó que el escándalo se llevaría la vida de Enzo Bordabehere, su amigo y discípulo.
La especial coyuntura del comercio internacional de las carnes puso a De la Torre en el ojo de la tormenta. Con el propósito de encontrar soluciones a la gran depresión, Gran Bretaña había convocado a la Conferencia Imperial de Ottawa, que se celebró entre el 20 de julio y el 20 de agosto de 1932. Se determinó que los países miembros del Commonwealth cerrasen filas, recortando sensiblemente las cuotas de compras de carne argentina. El gobierno del presidente Justo desesperó. Esa desesperación llevó a que el 1º de mayo de 1933 se firmase el pacto Roca-Runciman, por medio del cual el 85 por ciento de las exportaciones argentinas de carne se harían a través de frigoríficos ingleses, mientras que el exiguo 15 por ciento restante quedarían para los argentinos.
De la Torre se puso al frente de la investigación de las irregularidades en el comercio de las carnes. En septiembre de 1934 presentó un proyecto de creación de una comisión investigadora parlamentaria y a lo largo de sesiones por demás calientes, De la Torre fue descorriendo un velo de corrupción y complicidad, que asociaba a los frigoríficos Armour, Anglo y Swift con altos miembros del gabinete, como eran Federico Pinedo, ministro de Hacienda, y Luis Duhau, de Agricultura. Fue probando que dichos establecimientos obraban a su parecer, sin ser inspeccionados y sin pagar impuestos y que cajas con documentación comprometedora era celosamente guardada en despachos oficiales.
Tal vez Lisandro de la Torre comenzó a morir el martes 23 de julio de 1935. En la sesión de ese día, en el calor del debate, el senador se acercó a la mesa donde estaban los dos ministros que venían asistiendo a las sesiones para responder a los cargos. De la Torre fue empujado por Duhau y Enzo Bordabehere, también senador santafecino y quien consideraba a De la Torre su maestro, corrió a auxiliarlo. En ese momento, el ex comisario Ramón Valdéz Cora le disparó dos tiros en la espalda y cuando la víctima se dio vuelta, recibió un tercer disparo en el pecho. Bordabehere moriría una hora más tarde en el Hospital Ramos Mejía.
Fue un golpe terrible para De la Torre, quien advertiría: “Se conoce el nombre del matador, pero hace falta conocer el nombre del asesino”.
Valdéz Cora, un ex policía de 42 años, con antecedentes, se ganaba la vida como matón a sueldo del Partido Demócrata. Condenado a 20 años de cárcel, sería liberado por buena conducta en 1953, durante el gobierno de Juan Perón.
El debate por el negociado de las carnes se cerró, el gobierno intervino la provincia de Santa Fe. De la Torre renunció a su banca en 1937 y se retiró. El 5 de enero de 1939, en la soledad de su departamento en calle Esmeralda 22, se quitó la vida mediante un disparo de revólver en el corazón.

