La muerte del Supremo Entrerriano puso fin a su obra de gobierno y al sueño de liberar la Banda Oriental

Se cumplen este 10 de julio 205 años de la muerte de Francisco Ramírez, el Supremo Entrerriano. Para algunos, Francisco Ramírez, a quien en vida jamás llamaron “Pancho”, parece haber caído en desgracia en los últimos tiempos. Vale, entonces, recordar lo por él realizado en el corto tiempo que tuvo en sus manos el gobierno de lo que denominó República de Entre Ríos, que en realidad no fue una nación soberana, sino una provincia federal que deseaba unirse a las demás en una federación de iguales.

A pesar de la brevedad que tuvo esta denominada República (existió entre el 29 de septiembre de 1820 hasta la muerte del Supremo, el 10 de julio de 1821), Ramírez fundó escuelas, montó bases para una administración pública que duraría años, fue prolijo y atento a la reglamentación vigente en el manejo de las cosas oficiales.

Tuvo también, para la época, importantes concepciones económicas con el objetivo de defender el patrimonio de sus gobernados. Estableció la primera imprenta en la provincia. Sancionó reglamentos para el orden militar, político, económico y tributario. Declaró abolidos los derechos a la introducción de efectos del interior del país, prohibió la matanza de vacunos, ordenó la realización del primer censo del territorio (aconsejamos leer la obra de la profesora María Selva Ruth Eguiguren de Varini sobre este tema), promovió la cría de ganado y la plantación de árboles.

Además, dividió el territorio en departamentos gobernados por comandantes elegidos por el pueblo, con facultades civiles y militares. Creó la administración judicial y el servicio de correos. Impuso la enseñanza obligatoria hasta “saber leer, escribir y contar”.

Pero hay más. Entre noviembre y diciembre de 1820 convocó al pueblo para elegir al Jefe Supremo de la República (estos comicios solían ser viciosos, pero al menos revelaban una preocupación que otros caudillos no tenían).

Generalmente se recuerda la defección de Ramírez hacia Artigas, pero poco se menciona que el entrerriano nacido en Arroyo de la China el 13 de marzo de 1786, jamás abandonó la causa federal y, además, aspiraba a continuar la obra de Artigas expulsando a los portugueses de la provincia oriental, y reintegrar Paraguay a la comunidad nacional; y sobre esta base territorial esperaba asumir la futura organización del país.

De manera que el primer paso a dar era derribar a José Gaspar Rodríguez de Francia, dictador paraguayo, y con el aporte de esos soldados (30.000 aproximadamente) era posible el enfrentamiento con los portugueses.

Francia no respondió las correspondencias de Ramírez. Fue así que el entrerriano intentó poner en marcha la invasión de Paraguay. Concentró sus fuerzas en Corrientes y pidió ayuda al santafesino López, al cordobés Bustos y reclamó al gobernador de Buenos Aires armamentos y tropas, como estaba convenido en el Tratado de Pilar.

Pero Ramírez soñaba. Nadie lo ayudaría a realizar su esperanza de integración. Por el contrario: aquellos que el entrerriano esperaba lo ayuden, se habían unido en su contra en un acuerdo con los eternos rivales: los porteños.

El cordobés Bustos y el estanciero sureño Juan Manuel de Rosas, consiguieron atraer a López en el denominado Tratado de Benegas. Para lograr este acuerdo, Rosas dispuso de 25.000 cabezas de ganado (algunos dicen 30.000) para entregar a López. Ramírez no había sido convocado. Era el principio del fin del Supremo Entrerriano. De manera que si Ramírez esperaba ayuda de Córdoba, Buenos Aires y Santa Fe, se equivocaba de medio a medio. Lo que le quedaba, por tanto, era hacer frente a esta realidad.

Así fue que envió al coronel Anacleto Medina para que se alce con la caballada de López, y el santafecino quede desmontado. Ramírez cruzó el Paraná y, reunido con las fuerzas y los caballos de Medina avanzó hacia Rosario. Pero hay algo que no esperaba: Lucio Mansilla, que tenía orden del Supremo de desembarcar frente al puerto de Santa Fe y tomar la ciudad, volvió tras sus pasos traicionando a Ramírez.

Mansilla, que ayudó a Ramírez a derrotar a Artigas, ayudó ahora a López a derrotar a Ramírez, quien fue muerto el 10 de julio de 1821, en Chañar Viejo, cerca de Villa de María del Río Seco, Córdoba. Hace 205 años.

En realidad, Mansilla fue siempre fiel a los porteños; nunca a la causa federal. Hay un dato a tener en cuenta: ya sin Ramírez, se hizo cargo del gobierno entrerriano, poder que ejerció por tres años con beneficios, claro está.

No hay que olvidar que Lucio Norberto Mansilla había nacido en Buenos Aires, lugar donde murió, y cuando se incorporó a las huestes de Ramírez no hizo más que, finalmente, ayudar a lograr lo que Buenos Aires buscaba desde hace años: vencer al caudillo oriental. De manera que no llama la atención que dejara a Ramírez a su suerte, incumpliendo la tarea que le había sido encomendada.

Más allá de la figura de Mansilla, de la que nos ocupamos en alguna oportunidad, Ramírez fue el caudillo entrerriano que hizo muchísimo más que lo que común y livianamente se recuerda: su defección hacia Artigas, no a la causa federal, otro punto para no olvidar.