La situación que vivía el país en el año 1975 era alarmante. El gobierno de Isabel Perón hacía agua por todos lados. Pero, en ese marco tan crítico, el pueblo no sabía aún lo que le esperaba. El 4 de junio de ese año se enteró: el ministro Celestino Rodrigo dio un discurso por la Cadena Oficial y anunció un plan de ajuste temerario. El peso perdió su valor, duplicando el tipo de cambio oficial de un día para otro. El poder adquisitivo de los salarios cayó al punto de catástrofe. El precio de las tarifas y del combustible se fueron por las nubes aumentando el 175 por ciento. La inflación anual trepó al 182 por ciento. Al perder la confianza en la moneda local, tanto la clase media como los sectores populares optaron por el dólar, marcando el inicio de la preferencia histórica por esta divisa extranjera en la vida cotidiana argentina. El plan económico sentó las bases para un modelo de valorización financiera y desindustrialización.
José López Rega manejaba los hilos del gobierno y de su mano llegó Celestino Rodrigo y se hizo cargo del Ministerio de Economía. Dos días después daría a conocer su plan. A poco de eso la Presidente María Estela Martínez de Perón anunció un aumento del salario mínimo del 65 por ciento. No era suficiente. La debacle ya estaba en marcha. A todo esto, el 11 de junio López Rega viajó a Río de Janeiro y tomó distancia de lo que sucedía. El país ardía.
El lunes 16, en Olivos, Isabel Perón se entrevistó con Ricardo Balbín. Juan Bautista “Tata” Jofre brindó pormenores de esa reunión de la que participaron también Alberto Rocamora, ministro del Interior, y el canciller Juan Alberto Vignes, a cargo de la firma del ministro López Rega. La cita duró casi dos horas, en las que el jefe radical expuso casi sin encontrar respuestas de la dueña de casa. Repasó los temas que creía importantes, a saber: la política universitaria; el papel dirigista de la Secretaría de Prensa y Difusión; el drama de la intervención federal de Raúl Lacabanne en Córdoba y, sin nombrarlo, las actividades de López Rega.
Jofre indicó que el canciller Vignes dijo a Balbín que su visión era “muy pesimista”, a lo que el líder radical respondió: “Su opinión no es la mía… Vea, por respeto a la señora no me levanto y me voy”.
“A la Presidente la aplauden en la calle”, comentó Vignes, y Balbín le respondió: “Sí, los trescientos que le juntan todos los días cuando sale de la Casa de Gobierno. Pero llévela al cine y que vea si la aplauden cuando aparece en los noticiarios”.

Tras observar que Isabel Perón no respondía porque lo hacían sus ministros, Balbín dijo: “El diálogo sin respuesta no tiene sentido. Señora, si no hay cambios, me resultará muy difícil volver”. Dicho esto se retiró, indicó Jofre en una nota publicada en el sitio digital Infobae.
En tanto, los aumentos autorizados por el gobierno estaban lejos de las necesidades de la gente. En junio el costo de la vida se elevó a 21 por ciento y en julio el 35. El viernes 20 de junio, López Rega retornó al país, y aseguró que había que “darles duro a quienes no quieren colaborar con la Patria”. El viernes 27 de junio los obreros llenaron Plaza de Mayo con fuertes críticas a López Rega y reclamando aumentos salariales.
En horas de la tarde Adalberto Wimer, del Sindicato de Luz y Fuerza, encabezó una delegación sindical que conversó con Isabel Perón, quien contestó que al día siguiente daría su respuesta. Pero en esa respuesta no hubo cambios, de manera que tras ello el gabinete completo presentó la renuncia. Celestino Rodrigo, a pesar de todo, continuaba defendiendo su plan y finalmente se decidió un paro general por 48 horas.
La huelga para exigir la homologación de los convenios paritarios se realizó a partir de las 0 horas del lunes 7, abarcando todas las actividades. Era la primera vez en 30 años que el sindicalismo peronista le hacía un paro a un gobierno de origen peronista. La respuesta del Gobierno no se hizo esperar. Desandando el camino, en la madrugada del martes 8, el ministro de Trabajo, Cecilio Conditti, ratificó las paritarias sin topes y derogó el decreto que previamente las había anulado. Como gesto, la central sindical dispuso que “a efectos de contribuir al fortalecimiento de la economía nacional y particularmente brindar una solución al problema salarial de los trabajadores del sector estatal, proceder a donar al Estado el jornal de un día al mes”. Como era de prever, el ofrecimiento nunca se llevó a cabo, recordó Jofre.
El 11 de julio renunció López Rega y el 19 lo hizo Celestino Rodrigo, pero ya era tarde para cambios satisfactorios. El “Rodrigazo” sigue siendo uno de los malos recuerdos para el pueblo argentino.
Foto de portada: CELESTINO RODRIGO. Al momento de anunciar el plan económico que refundó la economía argentina en sentido regresivo.
