La agresividad atenta contra la posibilidad de mejorar la vida diaria.
En los días que corren, la violencia, la hostilidad, se hacen notar en cosas sencillas y en actitudes que son difíciles de entender porque se presentan ante problemas menores.
Pero es posible desarrollar alternativas contra la agresividad y, al lograrlas, poder vivir mejor.
Una de ellas es pedir permiso o saludar al llegar a un lugar. Parece tan elemental, pero sin embargo varias veces al día notamos su ausencia.
Compartir cosas, sensaciones y sentimientos, ayudar a los demás son otras actitudes que hacen que la jornada sea mejor. No sólo mejora la vida de quienes están en derredor, sino la de cada uno que se propone y lleva la práctica estas acciones sencillas.
En este marco es posible agregar aprender a negociar, a consensuar, a llegar a acuerdos, y recurrir al autocontrol en las situaciones difíciles.
Esto no significa que se deba decir siempre que si. Por el contrario, es saludable aprender a defender los propios derechos cuando los mismos se vean amenazados.
Por otra parte, en ocasiones las bromas de algunos encierran rencores o envidias. En realidad, no son bromas, sino una mala manera de decir lo que de otra forma quien lo dice no se animaría. A esto no hay que responder con sonrisas, pero si la broma es buena y prudente, es bueno responder a ella.
Finalmente, algo más para evitar la agresividad perniciosa: rehuya a las peleas, dialécticas y de las otras. Es posible vivir mejor. Vale intentarlo.
