A 30 años de la explosión de la fábrica militar de Río Tercero, es importante no olvidar este escándalo de corrupción

Hace ya 30 años del hecho y aún hay cosas que no están para nada claras. La explosión de la fábrica militar de Río Tercero dejó miles de afectados. Fue una voladura que sacudió a esa ciudad el 3 de noviembre de 1995, provocó la muerte de 7 personas, lesiones en otras 300 y destrozos en gran parte de las casas de la zona.

El 3 de noviembre de 1995, a las 8:55, tres explosiones sacudieron a la ciudad. Las dos primeras detonaciones se produjeron en la planta de descarga de la fábrica de armamento y una tercera, y más importante, ocurrió en el depósito de expedición y suministro. La Escuela, Las Violetas, Libertador y Cerino fueron los barrios por donde se esparcieron los proyectiles que se almacenaban en los depósitos de explosivos de la Fábrica Militar.

La Justicia penal logró responsabilizar a funcionarios por esa explosión que, se sostuvo, fue intencional. Con la voladura de la fábrica militar se buscó esconder el tráfico de armas a Croacia y Ecuador. Tras un prolongado proceso judicial plagado de dilaciones y maniobras de encubrimiento, se establecieron las responsabilidades de cuatro directivos de la empresa en los hechos, cuyas condenas quedaron firmes por una decisión de la Corte Suprema.

Sin embargo, el expresidente Carlos Saúl Menem, procesado como responsable de estrago doloso por las explosiones de Río Tercero, debía presentarse a un juicio oral y público que debía comenzar en Córdoba el 24 de febrero de 2021, pero murió diez días antes, a los 90 años. En consecuencia, la acción penal que se seguía sobre el exmandatario se extinguió.

En tanto, se pagaron indemnizaciones en dólares por los daños materiales provocados y muchas familias debieron abandonar la ciudad por temor a nuevas explosiones. Hubo miles de evacuados y aún se cursan demandas judiciales por los traumas psicológicos que dejó este siniestro intencional entre los habitantes de Río Tercero.

Bombas para Croacia

Las decenas de miles de bombas de guerra que estallaron en los galpones eran las que se preparaban para Croacia: allí estaban las que se habían rejuntado de unidades del Ejército y que se las recargaba y repintaba para presentarlas como nuevas, más un stock sobrante de las que en la década de 1980 se fabricaron para ventas a Irán (en ese caso, legales) y que también se retocaban para despachar, pero clandestinamente ahora, a Croacia, afirmó el sitio lavoz.com.ar. De principio a fin, ese contrabando de armas durante el gobierno presidido por Carlos Menem configura uno de los escándalos de corrupción más impactantes y con consecuencias más graves de la historia argentina.

El triángulo de la venta de armas

Con el correr de la instrucción, se entendió que había habido intencionalidad para provocar este hecho, y se avanzó en ese sentido. ¿Pero cuál había sido la razón para provocar el desastre?

Las explicaciones había que buscarlas en otra investigación judicial que recayó sobre Menem y parte de sus funcionarios, indicó Tiempo Argentino. Entre 1991 y 1995, el exmandatario autorizó mediante decretos la venta de armas a Panamá y Venezuela, que terminaron en Croacia y Ecuador, en una típica maniobra de triangulación relacionada con el tráfico de pertrechos bélicos.

La constatación de la existencia de armas de fabricación argentina en Croacia y Ecuador suscitó graves problemas políticos y diplomáticos para el gobierno de Menem.

Desde principio de los ’90, el país había desplegado un contingente de militares en misión de paz en la zona de conflicto de la ex Yugoslavia. Eran tropas de interposición que debían evitar enfrentamientos entre efectivos croatas y serbios, mientras el país le vendía fusiles a una de las partes en conflicto.

En tanto, también se verificó la presencia de armas en poder de tropas ecuatorianas, que en 1995 se enfrentaron con dotaciones de Perú en el marco de un conflicto de límites. En eso caso, Argentina era garante de un tratado de paz que habían firmado ambos países.

Los materiales bélicos que se hallaron en esos destinos habían sido retirados de Río Tercero con el pretexto de realizar reparaciones, apuntó Tiempo Argentino, precisando que luego se comprobó que esos materiales terminaban en Ecuador y Croacia.

Tres décadas después

Pasaron ya 30 años. Hoy, casi la mitad de la gente que vive en Río Tercero no vivió la catástrofe. Éstos, en pocos años, serán mayoría. Pero más allá de este dato, los hechos se produjeron, o mejor dicho, los produjeron.

Tres décadas después de los sucesos, poco se habla de ellos. Tal vez será por esa costumbre de naturalizar hechos terribles que se viven en Argentina; lo que es una pena.

Fue un escandaloso hecho de corrupción lo sucedido en Río Tercero. No hay dudas de ello.

G.S.