La CGT tendrá que sentarse a analizar y evaluar los pasos a seguir. El triunfo contundente que La Libertad Avanza lograra el pasado domingo en las urnas, obliga a los dirigentes gremiales a estudiar nuevos caminos para transitar en un escenario que no imaginaban.
Era público que los dirigentes de la central obrera esperaban ponerse al servicio del PJ en las elecciones de 2027, para lo cual tendría que haber mediado una resultante diferente en las recientes legislativas. Pero el triunfo de Fuerza Patria lejos estuvo de producirse. Incluso perdió en la provincia de Buenos Aires, de manera que la cúpula cegetista tendrá que absorber la derrota del PJ y decidir cuáles serán los pasos a seguir en un tablado de dimensiones distintas a las esperadas.
A la hora de hablar de las nuevas autoridades de la CGT, hay que recordar que la figura de Gerardo Martínez (UOCRA) salió favorecida tras la contienda electoral. Martínez mantuvo abierta la negociación con el Gobierno para evitar una reforma laboral inconsulta. Seguramente, con los resultados a la vista, este será uno de los temas en los que avanzará el Gobierno nacional. De manera que la CGT tendrá que intentar no quedar al margen y, en esto, Martínez se encuentra en un lugar de innegable privilegio.
El ala más dura (Héctor Daer de Sanidad, Abel Furlán de la UOM, Juan Carlos Schmid de Dragado y Balizamiento) esperaban un triunfo peronista que no se produjo. Por tanto, tendrán que ver de qué manera se conforma el nuevo triunvirato cegetista, porque con la fuerza y la crítica solamente no alcanza, y esto se evidenció el domingo.
Una pregunta ineludible es: tras la crisis del peronismo por el negativo resultado obtenido en las urnas, ¿cargará la nueva CGT con el peso de rol opositor?
La estrategia electoral de Cristina Fernández y Axel Kicillof, fracasó. Tendrán que admitir que sin propuestas no se llega a la gente. Con críticas a Milei solamente no es suficiente para atraer al votante.

Ante esta situación, ¿buscará el Gobierno nacional impulsar una reforma laboral sin consultar a la CGT?. Y más aún, ¿avanzará el Gobierno nacional en una ley de democracia sindical?
Habrá que esperar las horas venideras para dar respuestas a estos interrogantes, pero lo que es evidente es que la CGT tendrá que cambiar su manera de obrar ante el gobierno, tal vez lograr un acercamiento o un diálogo que resulte constructivo. G.S.
