Hace 204 años moría Francisco Ramírez y comenzaba el principio del fin de la República de Entre Ríos

Ocurrió el 10 de julio de 1821, en Chañar Viejo, cerca de Villa de María del Río Seco, Córdoba. Hace 204 años. Ese día el corazón de Francisco Ramírez daba su último latido entrerriano. Era el fin de la República de Entre Ríos y de los sueños del caudillo de recuperar la Banda Oriental para la causa federal. Francisco Ramírez, a quien en vida jamás llamaron “Pancho”, en los tiempos que corren parece haber caído en desgracia. Consideramos que es primordial recordar su vida su obra y mantener bien arriba aquellas banderas federales que él algunos vez izó.

Vale, entonces, recordar lo por él realizado en el corto tiempo que tuvo en sus manos el gobierno de lo que denominó República de Entre Ríos, que en realidad no fue una nación soberana, sino una provincia federal que deseaba unirse a las demás en una federación de iguales.

En el corto tiempo que esta denominada República existió (29 de septiembre de 1820 hasta la muerte del Supremo), Ramírez fundó escuelas, montó bases para una administración pública que duraría años, fue prolijo y atento a la reglamentación vigente en el manejo de las cosas oficiales. Tuvo también, para la época, importantes concepciones económicas con el objetivo de defender el patrimonio de sus gobernados. Estableció la primera imprenta de Entre Ríos. Sancionó reglamentos para el orden militar, político, económico y tributario. Declaró abolidos los derechos a la introducción de efectos del interior del país, prohibió la matanza de vacunos, ordenó la realización del primer censo del territorio (aconsejamos la obra de la profesora María Selva Ruth Eguiguren de Varini sobre este tema), promovió la cría de ganado y la plantación de árboles.

Asimismo, dividió el territorio en departamentos gobernados por comandantes elegidos por el pueblo, con facultades civiles y militares. Creó la administración judicial y el servicio de correos. Impuso la enseñanza obligatoria hasta “saber leer, escribir y contar”. Entre noviembre y diciembre de 1820 convocó a decisiones populares para elegir al Jefe Supremo de la República (estos comicios solían ser viciosos, pero al menos revelaban una preocupación que otros caudillos no tenían).

Generalmente se recuerda la defección de Ramírez hacia Artigas, pero poco se menciona que el entrerriano nacido en Arroyo de la China el 13 de marzo de 1786, aspiraba a continuar la obra de Artigas expulsando a los portugueses de la provincia oriental, y además reintegrar Paraguay a la comunidad nacional; y sobre esta base territorial esperaba asumir la futura organización del país. De manera que el primer paso a dar era derribar a José Gaspar Rodríguez de Francia, dictador paraguayo, y con el aporte de esos soldados (30.000 aproximadamente) era posible el enfrentamiento con los portugueses. Pero Francia no respondió las correspondencias de Ramírez. Fue así que el entrerriano intentó poner en marcha la invasión de Paraguay. Concentró sus fuerzas en Corrientes y pidió ayuda al santafesino López, al cordobés Bustos y reclamó al gobernador de Buenos Aires armamentos y tropas, como estaba convenido en el Tratado de Pilar. Pero Ramírez soñaba. Nadie lo ayudaría a realizar su esperanza de integración. Por el contrario: aquellos que Ramírez esperaba lo ayuden, se habían unido en su contra.

El cordobés Bustos y el estanciero sureño Juan Manuel de Rosas, consiguieron atraer a López en el denominado Tratado de Benegas. Para lograr este acuerdo, Rosas dispuso de 25.000 cabezas de ganado para entregar a López. Ramírez no había sido convocado. Era el principio del fin del Supremo Entrerriano. De manera que si Ramírez esperaba ayuda de Córdoba, Buenos Aires y Santa Fe, se equivocaba de medio a medio. Lo que le quedaba, por tanto, era hacer frente a esta realidad.

Así fue que envió al coronel Anacleto Medina para que se alce con la caballada de López, y el santafecino quede desmontado. Ramírez cruzó el Paraná y, reunido con las fuerzas y los caballos de Medina avanzó hacia Rosario. Pero hay algo que no esperaba: Lucio Mansilla, que tenía orden del Supremo de desembarcar frente al puerto de Santa Fe y tomar la ciudad, volvió tras sus pasos traicionando a Ramírez.

Mansilla, que ayudó a Ramírez a derrotar a Artigas, ayudó ahora a López a derrotar a Ramírez, quien fue muerto el 10 de julio de 1821, en Chañar Viejo, cerca de Villa de María del Río Seco, Córdoba. Hace 204 años.

En realidad, Mansilla fue siempre fiel a los porteños; nunca a la causa federal. Hay un dato a tener en cuenta: ya sin Ramírez, se apoderó del gobierno local, que ejerció por tres años con beneficios, claro está.