Lo impuesto por la Reforma Universitaria hace 107 años, es un desafío

“El desafío es volver a poner a la universidad argentina en la senda de la excelencia”, dijo Marcelo García, en oportunidad de brindar una charla que brindó en Chajarí sobre la Reforma Universitaria de 1918. Interesante esta frase y ahora la rescatamos, ya que García fue presidente de la Federación Universitaria Argentina con el regreso de la democracia en 1983. Y lo es, porque aquella reforma concretada hace 107 años, debe ser puesta en tiempo y lugar para analizarla, pero además, sería de primordial importancia traerla al tiempo actual en varios de sus objetivos.

Es indudable que la Reforma Universitaria de 1918 tiene aún muchas cosas para decir, y al punto es así que luego de más de un siglo de aquellos hechos, se sigue hablando de la esa reforma.

Hace 107 años, los estudiantes se rebelaron contra el despotismo, la mediocridad, los privilegios y la ignorancia. Impusieron la inteligencia, el conocimiento y la ciencia por encima de los sistema de pensamiento que se tenían por cierto y que no podían ser puestos en tela de juicio.

En realidad, aquél movimiento estudiantil que terminó sumando a gran parte de la sociedad y contó con el visto bueno del gobierno que presidía Hipólito Yrigoyen, llevó la política a los claustros universitarios, pero hablamos de la política como virtud pública, no como ideario partidista.

Aquellos jóvenes discutieron el derecho a estudiar, a rebelarse y a comprometerse con la nación, con Latinoamérica y con el mundo. 

La Reforma Universitaria de 1918, a diferencia de otras como la del mayo francés por ejemplo, fundó instituciones. Ninguna otra rebelión estudiantil en el siglo XX logró algo similar. 

La universidad era oscurantista y reaccionaria. La Reforma la transformó en algo totalmente diferente, y por eso los resultados sonaron con fuerza e influyeron en Latinoamérica. 

Exigían alto nivel académico, investigación, con estudiantes que estudian, que eligen a sus profesores por el nivel de conocimientos y no por su nivel en la sociedad. El cambio fue inmenso.

Es importante reiterar que aquella reforma se hizo para estudiar más y mejor. De manera que bien puede ubicarse a la misma en los tiempos que corren e insistir en aquellos objetivos y en la necesidad de volver a poner a la universidad argentina en la senda de la excelencia. Esto no se logra con palabras solamente ni con intereses que pasan por otro lado. La realidad así lo demuestra.