Hace 51 años Perón guardaba para sí “la más maravillosa música, que es la palabra del pueblo argentino”

“Yo llevo en mis oídos la más maravillosa música que, para mí, es la palabra del pueblo argentino”. Lo decía Juan Domingo Perón, entonces cumpliendo su tercer mandato como Presidente de la Nación. Fue el 12 de junio de 1974, cuando le hablaba a una multitud reunida en la Plaza de Mayo.

El discurso de 13 minutos, el último que diera, fue un desesperado intento por lograr la unión nacional para, de esa manera, enfrentar un panorama político y económico muy complicado. Pero no pudo ser. Su salud empeoró esa misma noche y 19 días más tarde murió. Días difíciles se vivían y otros, más complicados aún, se avecinaban.

La idea de que el regreso de Perón al país sería una solución casi mágica, ya era solamente una ilusión que había quedado definitivamente en el pasado.

Antes que el líder mayor del peronismo pisara tierra argentina, la interna desatada entre sus seguidores era terrible, cruel y sangrienta.

Ese día Montoneros abandonó la Plaza de Mayo. “La juventud maravillosa” se había transformado en “estúpidos imberbes”.

El 12 de junio de 1974 Perón, con casi 79 años de edad, ya no podía ocultar su más que complicado estado de salud. Con su corazón muy debilitado, el líder peronista salió aquél día al balcón histórico de la Casa Rosada. Nadie duda que Perón sabía a ciencia cierta que sería la última vez que lo haría, pero jugó su última carta para intentar lograr esa ansiada unión nacional que no se logró antes ni después.

Llevaba un sobretodo gris con solapas negras. Se mostró detrás de un vidrio blindado ya que no se descartaba un posible atentado. El líder hizo un desesperado llamado a la unidad que ya estaba definitivamente resquebrajada. Y es prudente insistir en esto, porque ya no era el Perón de sus primeras gestiones de gobierno, cuando en sus discursos enfatizaba que “por cada uno de nosotros que caiga, caerán cinco de ellos”. No era otro, pero era diferente. En aquella, su última gestión de gobierno, buscaba la unidad nacional que se mostraba cada vez más lejana.

Hacía alrededor de un mes que, en esa misma plaza histórica, Perón vivía su último 1º de Mayo. En su discurso de esa jornada dejó más que en claro su idea respecto a los movimientos subversivos, que en su mayoría trabajaban dentro del peronismo. Ese día se produjo el quiebre definitivo de los “jóvenes idealistas” como algunos los llaman en los tiempos actuales, con el peronismo de Perón. El veterano líder, en su discurso del 1º de mayo de 1974 exaltó la figura de los sindicatos por su lucha de veinte años durante la proscripción peronista, y los comparó con “esos estúpidos que gritan”, que no eran otros que los miembros de grupos guerrilleros (Montoneros, ERP y otros). Éstos se retiraron la plaza. Ya no eran “la juventud maravillosa”. Se habían transformado en “estúpidos imberbes”. Como indicábamos, el Perón de 1974 era diferente al de sus dos primeras gestiones, y también al hombre que vivió años exiliado en España. Su juego a dos bandas, hábilmente practicado durante el exilio, se había venido abajo, tanto como su salud.

Lo cierto es que la idea del Pacto Social al que había convocado al llegar por tercera vez a la presidencia en 1973 junto con la Confederación General del Trabajo (CGT) y la Confederación General Económica (CGE) para tratar de congelar precios y salarios, había fracasado. También vio como fracasaba su intención de unión nacional, simbolizado en aquél histórico abrazo con Ricardo Balbín, líder de la UCR, que había sido arrestado en 1950 y en 1954.

El 12 de junio de 1974 Perón jugaba sus últimas cartas, a sabiendas que no eran las ganadoras. También sabía que las chances de lograr sus objetivos se esfumaban, tanto como su vida.

“Yo llevo en mis oídos la más maravillosa música que, para mí, es la palabra del pueblo argentino”. Aquél 12 de junio de 1974, Perón recibía el mejor regalo de parte de su gente. El 1º de julio, la muerte ganaba la partida final.