El MerCoSur perdió el rumbo planteado en el origen

Argentina regresó a la democracia en 1983. En esa época -años más o menos- otros países latinoamericanos lograban lo mismo. La década del 90 llegaba y hallaba a una región con democracia e inmensas ganas de progresar. Además se soñaba, en medio de esa transición democrática, en la consolidación política que se basaría en el desarrollo social y económico.

El mundo, en tanto, daba señales más que interesantes. La caída del muro de Berlín en 1989 fue una muestra clara de apertura hacia un futuro diferente, y hasta se pensaba que ese futuro sería de unión y trabajo en conjunto.

En nuestra región se empezaba a hablar de un “mercado único”. En ese marco, el 30 de noviembre de 1985 los presidentes de Argentina, Raúl Alfonsín, y de Brasil, José Sarney, suscribieron la Declaración de Foz do Iguazú, que fue la piedra basal del Mercado Común del Sur; el MerCoSur. Luego se sumaron Uruguay y Paraguay a ese acuerdo, y el 26 de marzo de 1991, los cuatro países firmaron el Tratado de Asunción, que adoptó el nombre MerCoSur, le dio una estructura institucional básica y estableció un área de libre comercio.

Hoy es posible observar que el MerCoSur no es lo que soñaron algunos y aunque está lleno de buenas intenciones, también está casi vacío de concreciones.

En el Tratado de Asunción se proponía crear una zona de libre comercio para diciembre de 1994 y así dar paso a la creación de una Unión Aduanera al poco tiempo, lo que suponía, por tanto, contar con un arancel externo común y una política comercial externa común. Pasaron muchos años y ninguno de estos propósitos fueron alcanzados plenamente. No queda muy en claro cuál es el rumbo que toma el MerCoSur.

Ante este panorama, la principal pregunta que surge hoy es ¿hasta cuándo los miembros de este Mercado seguirán esperando? Hoy es muy difícil imaginar que los países que integran el MerCoSur puedan generar una política externa común. El motivo es bastante sencillo: los países que integran el Mercado Común del Sur, son del Sur pero tienen poco en común.

De seguir esperando, los países del MerCoSur despertarán un día en un mundo en el cual aquellas ideas primigenias ya no tendrán valor. Serán anticuadas.

No hay dudas que se debe dejar de hacer reuniones para recordar fechas históricas y actuar y lograr avances concretos para todos. El tiempo es cada vez más corto y las necesidades mayores.