“El polo fluvial” por Roberto Romani

El polo fluvial

Este domingo, 16 de mayo, recordaremos los 25 años de ausencia de un poeta de la costa, que nos dejó un legado luminoso, con raíz y con vuelo.

Juan Hipólito Martínez nació en 1917, y sembró la palabra bella y comprometida que define nuestro camino de entrerrianías.

El 23 de diciembre de 1982 me recitó “Río de la esperanza”, y siento la imperiosa necesidad de evocarlo: “Capitán de mi canto, lo alijo de quimeras, ya que un náutico instinto me indica la echazón; para seguir la ruta balizada de ansias, hasta arribar al puerto de la humana razón”.

Publicó “Ansias costeras”(1982), “Mi gente y estos parajes” (1985), y “El Paraná y mi amor en creciente”(1992).

Allí viven Sandalio Godoy, que tenía su rancho bajo un corpulento ombú; don Villa, centinela de las aguas; Julio Enrique, pescador amigo; Pablo Villanueva, descubridor de la luna de Guayquiraró en Paso Telégrafo y Donato Rivero, villero y pescador.

También respiran el hachero Félix Méndez; Ponciano Avilés, propietario del boliche; don Arguello, con su rancho de amistad; el bichero Melitón y un enjambre de estibadores, a quienes homenajeó con la emoción y el monumento en Villa Urquiza, el 1 de Mayo de 1982.

Amigo de Marcelino Román, Juan L. Ortiz, Amaro Villanueva y Reynaldo Ros, el querido “Polo Fluvial” murió en Paraná, el 16 de mayo de 1996, en las primeras horas de su cumpleaños 79.

Hoy recuperamos su impronta de agua profunda que también fue canción en la voz y la guitarra de su hijo, Miguel.

Hoy sigue resonando su campana terruñera, que reflexiona y sentencia: “Sobre el ancho cauce del canto argentino, en ocaciones profundo y en otras playito, navega también la barca rumbeadora de nuestra poesía, pretendiendo arribar al puerto escondido del alma popular”.

Roberto Romani

Roberto Romani