Falleció el hermano Carlos Plaza Pulgar, quien integró durante 6 años la comunidad Marista de Chajarí

El día sábado 26 de diciembre pasado, a las 5:30 horas, falleció el hermano Carlos Plaza Pulgar en la ciudad de Mendoza. Tenía 65 años de edad, y 46 de vida religiosa Marista, según lo informado por fuentes cercanas a la comunidad Marista a CHAJARI AL DIA.

Al momento de entregar su vida al Señor, se encontraba internado en el Hospital Español, acompañado por su hermano José María. El día anterior, fiesta de Navidad, había recibido la visita de los hermanos de su propia comunidad y de la comunidad de Neuquén.

La grave y silenciosa enfermedad abdominal que se le había declarado de forma repentina en los primeros días de diciembre, había debilitado de tal forma su organismo en pocos días, que la internación fue una vez más necesaria para brindarle un adecuado tratamiento.

Su comunidad lo pudo mimar hasta el día 20 pero llegó un momento en el que los cuidados de José María y de sus hermanos, no eran suficientes ante el grave y acelerado deterioro de su salud.

El hermano Carlos había nacido en Osorno, provincia de Palencia (España), el 21 de abril de 1955. Allí vivió sus años de infancia junto a sus padres Luis y María Dolores; y sus hermanos José María, Luis Javier y Sagrario.

A los 11 años ingresó al Juniorado de Carrión de los Condes (Palencia). A partir del 1972, continuó su formación inicial en el Noviciado de Miranda de Ebro (Burgos) donde hizo su primera profesión el 14 de septiembre de 1974. Ese mismo año emprendió su viaje a la Argentina para continuar su formación religiosa y profesional en Luján. Allí se recibió de maestro y se integró a la provincia Marista de Córdoba.

Como todos los hermanos, durante su vida Carlos fue destinado a distintos colegios para llevar adelante su sueño de ser formador y catequista de niños y adolescentes. Los primeros años trabajó en el ámbito de la primaria como maestro de grado al principio y luego como vicedirector.

De esta forma recorrió los Colegios Champagnat de Buenos Aires, San José de Mendoza, San Francisco, San Rafael y La Inmaculada. Posteriormente, se desempeñó en el nivel medio como profesor de Catequesis y de Matemática. Así lo encontramos en el Colegio Diego Echeverría de Quillota, Chile, en San Rafael, en Darregueira y en Chajarí.

En Chajarí, por otro lado, dejó su particular impronta en la Escuelita “El Refugio” brindando su ser y su saber en favor de los niños y niñas de familias muy necesitadas y acompañando al personal docente.

Al final de sus días, se brindó de cuerpo entero en el San José de Mendoza obteniendo el reconocimiento de colegas, familias y alumnos. Su proyecto de disfrutar pronto de una merecida y feliz jubilación, quedó lamentablemente trunco.

En su paso por Chajarí, supo acompañar a la comunidad Marista en sus misiones solidarias en Machagai (Chaco).

Cómo lo recuerdan en su comunidad Marista
“¿Qué decir del hermano Carlos? Que era un hermano sencillo, alegre, entusiasta y con una gran capacidad organizativa.

Con los hermanos de la comunidad se mostraba servicial y atento, sobre todo con los más veteranos y con quienes pudieran necesitar algún servicio.

No le resultaba fácil mostrar en comunidad rasgos de su vida personal y le costaba empatizar con quienes pudieran detentar algún tipo de autoridad.

Sintonizaba muy bien con los alumnos y los motivaba adecuadamente logrando de ellos una respuesta que los llevaba a sentirse cómodos y a trabajar de forma ordenada y metódica.

Pero no solo miraba lo académico. Le prestaba atención también a lo emocional y espiritual.

Por otro lado, siempre tuvo la inquietud de organizarles deportes, viajes, campamentos; y de proponerles proyectos novedosos que concitaban su interés y su adhesión y la de sus padres.

En esas circunstancias, el ‘profe’ y tutor Carlos se convertía para los chicos y chicas en el “Charly” que disfrutaba de su compañía sosteniendo con ellos animadas y chispeantes conversaciones.

También se vinculaba muy bien con los adultos ya fueran sus colegas docentes y catequistas ya fueran padres de familia, ex alumnos o empleados del Colegio. Con ellos se mostraba particularmente dicharachero y a veces les proponía ideas e iniciativas motivadoras, incluyendo “juntadas” en las que el deporte y la parrilla no solían faltar.

Las amplias veredas y los generosos espacios de ingreso, también son y serán testigos de los animados diálogos que Carlos solía sostener con quienes llevaban a sus hijos al Colegio o se acercaban al mismo por diversos motivos. En ellos, no faltaba su animada conversación
y su carcajada franca y estruendosa.

Por el testimonio de los hermanos de su comunidad, sabemos que Carlos aceptó la enfermedad con serenidad y poniéndose filialmente en las manos de Dios.

Que el Señor de la Vida lo reciba en su seno y que pueda disfrutar de su presencia junto a María, Marcelino y la pléyade Hermanos que nos han precedido”, expresaron desde la comunidad Marista.

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